Catálogo
Había una vez… una forma de contar la vida.
El catálogo de El tiempo de los objetos reúne cerca de un centenar de objetos reales procedentes de espectáculos y de entornos familiares, piezas cargadas de memoria que dialogan con más de cuarenta cuentos tradicionales donde estos elementos cobran vida. A través de doce instalaciones, el visitante es invitado a mirar, oler, tocar, entrar, salir, escuchar, jugar y crear, transitando un recorrido sensorial que despierta la imaginación.
Porque, a veces, basta una vieja lámpara de bronce —aparentemente dormida— para revelar una historia secreta capaz de iluminar nuevos relatos en quien se detiene a contemplarla.

Los objetos
Antes fueron utensilios, hoy parecen ovnis.
Los objetos guardan la memoria de la vida cotidiana. Las cucharas, calderos, palmatorias, tijeras o relojes formaron parte de la vida doméstica de generaciones pasadas. Sirvieron para cocinar, remendar, iluminar, limpiar o marcar el paso del tiempo. Eran herramientas con una función concreta y una forma reconocible.
Pero en los cuentos, estos objetos trascienden su funcionalidad y viven otra existencia: hablan, vuelan, esconden, salvan, embrujan y hasta se convierten en chivatos.
Se transforman en símbolos. Una llave puede abrir una puerta o un secreto; una aguja cose o puede dormir a un reino; una hoz recolecta o siega una vida.
Hoy, para muchas niñas y niños, estos objetos resultan extraños, misteriosos, casi mágicos. Son fragmentos de un mundo que ya no usan, pero que aún reconocen… porque los han visto en casa de sus abuelas o en las páginas de un cuento.
Esta instalación nos invita a explorar la fascinante presencia de los objetos cotidianos en los cuentos y así poder mirarlos con ojos nuevos. Y a descubrir su doble vida: la doméstica y la fantástica. Porque incluso una vieja plancha de carbón puede ocultar una historia capaz de encender la imaginación.
¿Qué objeto de los que aparecen en los cuentos había en tu casa?
¿Cuál serian sus poderes si estuviera en un cuento?
¿Guardas algún objeto que ya no usas, pero no te atreves a tirar?
¿Y si todo lo que nos rodea estuviera esperando a que lo escuchemos… como en los cuentos?

El Flautoutuber
Inspirado en el Flautista de Hamelin
Cuenta la leyenda que hace siglos un misterioso flautista hipnotizó con una extraña melodía a los niños de Hamelín y se los llevó de la ciudad para siempre. Hoy aquella escena revive en clave digital: los nuevos “flautistas” no tocan la flauta, sino que comparten sus vidas en las redes sociales. Sus “melodías” invisibles son contenidos virales de música, viajes, comidas, moda, fitness o estilo de vida. Cautivan a millones de jóvenes en todo el mundo, atrapando su atención como una melodía irresistible.
La instalación El flautoutuber reinterpreta el cuento clásico en clave contemporánea. En lugar del flautista medieval aquí son carismáticos influencers y tiktokers quienes seducen a legiones de seguidores con el brillo de sus pantallas. Cuando desaparece la pantalla podemos oír nuestra propia melodía interior. La obra traza un paralelismo entre la fantasía y la realidad actual, invitándonos a reflexionar sobre el poder hipnótico de estas nuevas melodías digitales en nuestra vida cotidiana.
¿Quiénes son los flautistas digitales de tu vida?
¿Qué melodía en redes sociales te resulta irresistible?
¿Sigues el ritmo que las redes te marcan o compones tu propia melodía?
¿Cuánto tiempo al día pasas hipnotizado frente a la pantalla?
¿Sabes que la nomofobia es una tecnopatía que cada vez afecta a más personas?

La casita: refugio o trampa
Inspirado en Hansel y Gretel
Perderse en el bosque es fácil. A veces, basta con tener hambre.
Hansel y Gretel fueron abandonados por quienes debían protegerlos. En su camino encuentran una casita tentadora hecha de dulces: el sueño de cualquier niña o niño con el estómago vacío. Pero el refugio resulta ser una trampa. La bruja que habita en ella no quiere cuidar, sino devorar. Sólo el instinto de supervivencia de los pequeños convierte la trampa en escapatoria.
Hoy como entonces los refugios pueden ser también trampas.
Los refugios son espacios seguros y protegidos, diseñados para salvaguardar a las personas de diversas amenazas y situaciones de vulnerabilidad.
Un niño refugiado es, ante todo, un niño que tiene los mismos derechos que cualquier otro niño, independientemente de su estatus. (UNICEF-ACNUR)
Esta instalación nos invita a refugiarnos en una casita de madera. En su interior, mullido y blanco, las paredes te susurran historias. Entra en la casita y confía.
¿Cuándo lo acogedor se convierte en una trampa?
¿Cuál es tu “casita de dulce” personal, esa cosa que sabes que es demasiado buena para ser verdad, pero aun así te atrae?
¿Puedes distinguir entre un espacio que pide confianza para ayudar y uno que la pide para dañar?
¿Has sentido alguna vez que has caído en una trampa?

Tramas, texturas y tejidos
Inspirado en El traje nuevo del emperador
Un emperador vanidoso y obsesionado con la ropa cae en el engaño de dos farsantes que afirman que pueden crear una tela maravillosa, única y mágica, una tela que será invisible para cualquiera que sea tonto. El emperador les da una cuantiosa suma de dinero y los granujas “visten” al emperador con el “traje”, que en realidad no existe.
El Emperador se pasea con su traje nuevo, todos saben que va desnudo, pero nadie lo dice.
El espacio de coser siempre fue íntimo y misterioso.
También cotidiano y funcional y nos ha dejado acepciones y refranes que perduran en el saber del pueblo.
¿Quién no ha tenido que hacer “encaje de bolillos” ante situaciones que requieren cuidado y perfección?
En el cuento, la aguja que durmió a la bella princesa, sigue teniendo un poder inmenso como símbolo. Si lo pensamos bien, hasta puede ser peligroso dar “puntada sin hilo”.
Hoy la hipocresía social y la vanidad siguen alimentando el deseo de tener “las cosas” más exclusivas que nadie tiene.
¿Alguna vez te has sentido obligado a alabar, estar de acuerdo o fingir entender algo por no ir en contra de la mayoría?
¿De qué manera la obsesión por el éxito social y la imagen perfecta en redes te está distrayendo de tus verdaderas necesidades?
¿Te has sentido atrapado o atrapada por charlatanes y como el emperador has acabado aceptando cosas en las que no creías?

La manzana y la mesa camilla
Inspirado en Blancanieves y Gianni Rodari
La manzana es la fruta con más cuento del mundo: la Manzana de la Discordia, Adán y Eva, Blancanieves, Guillermo Tell, Isaac Newton y alguna otra a la que no haremos publicidad. Es protagonista de los apuntes al natural que mandaban como deberes. Dentro del frutero, era testigo de la vida familiar…
La mesa camilla es un objeto doméstico generalmente redondo, cubierta por una enagua. Debajo se colocaba la estufa de cisco o picón. En torno a ella se comía, se calentaban los pies, se secaba la ropa, se limpiaban garbanzos, se charlaba, se pelaba la pava y se hacían los deberes.
Manzanamesár es la acción de meterse debajo de la mesa camilla y viajar a mundos fantásticos en vez de hacer los deberes. La gramática de la fantasía necesita espacios secretos y seguros.
¿Te has escondido alguna vez debajo de una mesa camilla?
¿Has creado una cueva con sábanas y sillas?
¿Te gusta inventar palabras?

El cuarto de juegos y la tómbola
Dedicado a Ana María Matute
El adulto es lo que queda de un niño cuando se pierde la mirada limpia, la capacidad de asombrarse por una piedra o un bicho.
El cuarto de juegos, llamado también la leonera, era un lugar donde te dejan jugar y no tienes que recoger los juguetes.
Aunque para los adultos parezca un desastre, para la infancia es un escenario de juego libre. En ese “caos” cada objeto tiene un lugar preciso en su imaginación.
A veces, muchas veces, el cuarto de juegos no puede ser y se juega donde se puede y con lo que se tiene.
De pequeña jugaba donde podía y con lo que tenía, en casa no había cuarto de juegos ni leonera, había calles y campos.
En agosto, cuando eran las fiestas, llegaban los feriantes con sus puestos de juguetes, sus músicas, sus papeletas y sus alegres gritos.
Yo soñaba que un día tendría un cuarto de juegos grande, muy grande, tan grande como la tómbola de dos plantas donde cada año venía colgado en una esquina un perro gigante de peluche que me miraba con sus ojos grandes y tristes y me decía: ¡llévame contigo!

La tinaja y el cerdito
Yo era muy pequeña la primera vez que un objeto me habló.
Era un cerdito pequeño de plástico rosa que se había caído detrás de la tinaja del agua.
Me agaché y lo escuché atentamente.
Desde entonces la vida poética de los objetos ha marcado el tiempo de mi vida.

AEIOU. El cuento más corto del mundo
Inspirado en Pulgarcilla
Prueba a contarlo tú. Solo necesitas saberte el A E I O U y un mosquito que quiera contarlo contigo.
